martes, 4 de agosto de 2015

Ella

Se sentaba en su ventana por las noches, observaba la ciudad desde un décimo piso,
respiraba un aire más puro, veía personas sin rumbo,
y fotografiaba estrellas fugaces.
Guardaba cada una de las imagenes en un lugar de su corazón, donde solo ella comprendiese su significado.
Nadie la entendía, pero no necesitaba que la entendieran.
Ella era capaz de coger unas alas rotas y aprender a volar.
Soñaba con un mundo como el que veía cada noche, a las cuatro de la mañana,
mientras escribía versos, con ojeras en sus grandes ojos verdes
que inspirarían rimas y poemas de Quevedo.
Así pasaba los días, así aprendía a vivirlos.


















-Demasié